¡Ya están aquíííííí las Navidades!...aunque el primer anuncio navideño ya lo vimos ¡por octubre!, ahora ya es evidente, nos basta con un paseo por el centro de cualquier ciudad observando los movimientos y escuchando las conversaciones de la gente: se habla sobre todo de compras. Compras de langostinos, de juguetes, de luces, de lotería, de uvas, de bragas rojas, del árbol, de vestido para Nochevieja, de colonias, de sidra, de tablets o Smartphone, de polvorones y turrón, de….la lista es interminable.

Porque hay una cosa que en Navidad hacemos casi por encima de todo, y esa es consumir. De repente todas las personas somos más ricas de lo que éramos y empieza la gran fiesta del consumo ¡¡En navidad no nos importa derrochar!! Quizás ya no lo recordemos pero la Navidad es una fiesta religiosa en la que, quienes creen, celebran el nacimiento de un niño en el lugar más pobre y de la manera más humilde que se pueda imaginar. Y para quienes no lo creen, la Navidad no es más que unos días festivos en los que no hay que ir a trabajar.

A todo el mundo nos espera durante semanas “La Navidad” en la calle y también dentro de casa, creas lo que creas, quieras o no. Aunque en realidad no es “La Navidad” lo que nos persigue sino el consumo navideño, que es otra cosa y de lo que queremos hablar en este post, y que poco tiene que ver con el humilde portal de Belén.

¿Cómo es que a todo el mundo para Reyes nos hace falta un jersey y un abrigo nuevos al mismo tiempo?¿Cómo de repente los coloridos escaparates se llenan de cosas que pensamos necesitar?¿Cómo es que todos los turrones del año pasado justo tienen fecha de caducidad en noviembre de éste?¿Cómo es que hasta el regalo más diminuto tiene un embalaje cuatro veces más grande, mucho celofán y un pedazo lazo?

¡¡Me lo pido!!, ¿Me lo compras…? Serán de las frases más escuchadas por las familias durante estas semanas por parte de su prole pegada al televisor flipada por el aluvión de anuncios de juguetes. Juguetes que ya no llegan sólo con la carta a los Reyes Magos…ahora también está Papá Noel, que no lo ha sustituido, sino que los regalos se han duplicado: “Venga, estos regalos para Papá Noel para que tengan tiempo de disfrutarlo y estos otros para Reyes”. A lo mejor por estas fechas los anuncios de regalos deberían venir con un aviso como los del alcohol: “Si consumes, hazlo con moderación”.

Se supone que en Navidad se trata de celebrar la humildad, la paz y la fraternidad, pero a veces ni nos acordamos o preferimos apagar la televisión cuando salen las familias refugiadas que están llegando a nuestras costas, las imágenes de ciudades destruidas por las guerras o las alarmas de la cumbre del cambio climático en París de estos días… Todas esas noticias se mezclan con las de las imágenes de los centros comerciales abarrotados para comprar y comprar…

A lo mejor podemos pensar en alternativas que reduzcan un poco este consumismo, el impacto de nuestra Navidad en el medio ambiente o el estrés de las que o los que siempre preparan todo para las fiestas…

Podemos planificar con tiempo el tema de los regalos, centrarnos en cosas útiles, y que ilusionen por supuesto, y fijarnos un presupuesto antes de salir a comprar …¡y hacerlo con tiempo!, que si no, nos podemos ver dos días antes, junto a millones de personas como nosotros, buscando qué comprar, así nos ahorramos comprar “pongos” (un “pongo” es ese “algo” que en la desesperación de “no queda de nada”, “no hay tiempo” compras diciendo “pues esto mismo¨” y que quién lo recibe piensa al dárselo ¿y esto donde “lo pongo”?),o si la cena o comida navideña es en tu casa, evitar que el peso y trabajo caiga siempre “en las mismas personas” (¿las madres?) y pedir a las y los invitados un poco de ayuda o incluso hacer comida o cena “de traje” (yo “traje” los langostinos, yo ”traje” el postre, yo “traje” el primero…). Y si queremos comprar regalos de Navidad, a lo mejor molaría comprarlos a pequeñas tiendas, a la vecina que vende por catálogo o por Internet, al artesano que hace collares, a la amiga que tiene una tienda en el barrio, a la pastelería que hace turrones artesanos, al mercado de toda la vida,…

En definitiva, podemos replantearnos algunas cosas esta Navidad.

En esta línea de reflexionar y pensar un poco cómo podemos estar dejándonos llevar por el consumismo, cuando a lo mejor hay otras muchas formas más personales y menos materiales de celebrar y compartir, Ecologistas en Acción hace unos años creó en España un grupo, movimiento y web para reflexionar sobre un consumo mínimamente crítico y responsable haciendo contrapublicidad gráfica y campañas como “¿Por qué llamarlo Navidad si quieren decir consumismo?” o “Estas Navidades, TÚ puedes ser el regalo”, ese movimiento se llama consumehastamorir.

¿Y TÚ QUÉ…Consumes “hasta morir”?


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