Si tienes colegas que siempre ¡siempre! llegan tarde, si en casa solo tenéis un baño, si tu pareja, chica o chico, no sale de casa sin 3 kilos de gomina, si tu grill es viejo y te gusta la pizza “quemadita” por arriba, … existen muchos momentos que ponen a prueba nuestra paciencia…

Pero, reconozcámoslo… ¿Cuántas veces eres tú quién pone a prueba la paciencia de quien te rodea? ¿Te han dicho alguna vez eso de “hay que tener contigo más paciencia que el Santo Job” o “mira que se me está agotando la paciencia “?

Lo de “me estás haciendo perder la paciencia o se me está agotando la paciencia” es algo que en la adolescencia escuchamos mucho en casa, a nuestras madres o padres cuando les sacamos de quicio… Y te preguntarás ¿pero de verdad la paciencia “se acaba”? ¡Pues resulta que los estudios neurocientíficos dicen que sí! Que va a ser verdad que “se les agota”. Desde la Universidad de Iowa (EE UU) han descubierto qué ocurre en el cerebro humano cuando una persona pierde la paciencia. Y acaban de publicar en la revista Journal of Consumer Psychology que la paciencia, como el autocontrol, es un recurso finito que se gasta con el uso. Cuando se utiliza demasiado de forma continuada, es más difícil que consigamos mantener la calma la siguiente vez que nos enfrentamos a otra situación de ese tipo.

De hecho, Hedgcock, uno de los científicos del estudio, asegura que, de acuerdo con el hallazgo, la paciencia debería ser comparada con una piscina que se vacía por el uso. “Y ahora entendemos por qué a la quinta vez que nuestro padre nos dice que la cena está hecha o nuestra madre nos tri-pide que saquemos la basura, pierdan un poco los nervios”.

Lo bueno de esta investigación es que también dice que la “piscina” se puede volver a llenar si estamos en un ambiente sin excesivos conflictos, de forma que nuestras madres y padres recuperen su paciencia…

Y cuando hay paciencia mutua hay más paz en casa. De hecho resulta que la palabra “paciencia” se deriva directamente de este término: paz. Y si descomponemos la palabra, podríamos decir que se trata de la “ciencia de la paz”, que quién la “cultiva” consigue la paz.

Y no solo conseguimos paz en casa, también con nosotras y nosotros mismos si “nos tenemos paciencia”.

En Japón consideran tan importante “cultivar” la paciencia personal, que la estudian específicamente en los colegios e institutos. Lo hacen a través de esta metáfora:

“Con el bambú japonés ocurre algo muy curioso. Cuando se planta la semilla, durante los siete primeros años no aflora absolutamente nada a la superficie. En este punto la o el cultivador inexperto podría pensar que era una semilla infértil. Pero transcurrido ese tiempo, aquel que ha sido paciente podrá observar que en el transcurso de 6 semanas el bambú crece de forma espectacular ¡hasta alcanzar más de 30 metros! ¿Qué ha ocurrido? ¿Tardó tan solo seis semanas en crecer? No, lo cierto es que el proceso de desarrollo del bambú tomó siete años y seis semanas. La aparente inactividad de los siete primeros años se debió a que el bambú estaba generando un complejo e intrincado sistema de raíces que le permitirá sostener el enorme crecimiento que iba a tener lugar después de siete años”.

Hoy en día, más que nunca, en la época de acelerados cambios e incertidumbre en la que nos ha tocado vivir, a lo mejor va a ser importante esto de cultivar la paciencia. También con nuestros estudios o lo que queremos ser en la vida. Estamos justo en el momento de crear unas raíces profundas y extensas, en forma de experiencias, formación sólida, fortalezas personales como el optimismo y la esperanza, la inquietud por aprender siempre cosas nuevas, etc.

Y fijo que esas raíces sólidas, llegado el momento, nos permitirán crecer bien alto y alcanzar lo que nos mola…

Hoy día que vivimos en el “lo quiero aquí y ahora”, en las fórmulas rápidas y en los “quiero triunfar pero sin esfuerzos por favor”….a lo mejor toca entender eso de que el verdadero éxito llega cuando el crecimiento interno y la maduración es lo suficientemente grande como para sostener lo que vendrá después.

¡Pero la de veces que nos frustramos ante situaciones pensando que nada de lo que hemos hecho está teniendo sus frutos, que para qué tanto esfuerzo!

Y es entonces cuando escuchamos lo de “ten paciencia”. En esos momentos puede resultar útil recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y no abandonar, ya que, en teoría, dentro nuestra estamos creciendo y madurando.

Además, estas raíces no sólo le permiten al bambú crecer más de 30 metros, sino que le permiten también ser extremadamente flexible ante los fuertes vientos, llegando a doblarse completamente al ras del suelo sin romperse…Esta metáfora, así para entendernos, nos dice que encima, si la vida te da un “buen golpe”, gracias a esos conocimientos, experiencias, habilidades y herramientas, nos “doblaremos” como en plan Matrix y seremos más flexibles ante los cambios e imprevistos, encajándolos mejor.

En fin, que por algo llaman a la paciencia “la madre de todas las virtudes”. Así que recuerda, cuando sientas que “se te está agotando la paciencia”, no desesperes, quizá solo estés echando raíces.

¿Y TÚ QUÉ… eres paciente?


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