"Los niños tienen corazón, las niñas tienen corazón. Eso es lo que importa”.

Ésta es la genial respuesta, en forma de dibujo en un mural de un autobús, que hoy mismo han dado a conocer las chicas y chicos de un colegio en Huelva como respuesta al llamado autobús del odio con un mensaje discriminatorio hacia las niñas y niños Trans.

Las redes también se han llenado de respuestas originales hacía esta prejuiciosa campaña: “La tierra es plana, si navegas hacia delante te caes. Que no te engañen”, “Las niñas y niños tienen sueños”, “Esto es un pene, esto es una vulva”, la identidad de género no se elige, que no la elijan otros por ti",…

Ya en nuestro blog, hace más de un año, hicimos un post sobre la transfobia: ¿Cómo te llamas Alan si tienes tetas?, a raíz del suicidio del joven Alan de 17 años por no aguantar más el acoso que sufría en su instituto. En esa ocasión explicábamos en qué consistía el colectivo LGTB y las diversas identidades de género y orientaciones sexuales a las que todavía una parte de nuestra sociedad no quiere dar cabida.

Ese es el caso de quién está detrás del autobús transfóbico que con el mensaje “Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva. Que no te engañen”, anima a aplicar las llamadas “terapias reparativas" que buscan "la corrección de los niños y las niñas para que hagan lo que tienen que hacer". Mensajes como éstos, sobre todo en relación a la infancia y juventud, generan, según las asociaciones expertas, que se produzca una “interiorización negativa de su verdadera identidad, que genera a su vez no sólo una autoestima muy negativa, sino también tener conductas autolesivas y un riesgo inherente de suicidio". Y no olvidemos que menores y jóvenes trans tienen una tasa de ideas o intentos de suicidios de más del 40%. De ahí la importancia de contrarrestar este tipo de mensajes tan discriminatorios y dañinos.

La mayoría de niños que tienen pene son niños, y la mayoría que tiene vulva son niñas, pero esto no es siempre y necesariamente así: a muchas personas se les adjudica el sexo erróneo. La OMS desde hace años define “una persona transexual es aquella a la que al nacer se le asigna una identidad sexual que no es la suya, porque la identidad de género no está en los genitales”.

Unos estudios confirman que hay menores de seis años con comportamientos de género no convencionales y que a esa edad ya se podría considerar esa conducta y sentimiento como transgénero. Otros estudios (UNED. 2016) confirman que “entre los dos y los cuatro años ya hay niños y niñas que no se identifican con el género que se les asignó al nacer. No quiere decir que sepan que son transexuales, sino que se dan cuenta de que su identidad de género es diversa”.

Y la existencia de esa diversidad en menores y adolescentes transexuales y transgénero es la realidad que quieren visibilizar diariamente asociaciones como Daniela o Chrysallis. Organizaciones que se formaron para compartir sus realidades, donde menores intercambian consejos, como por ejemplo cómo llevarlo con la familia: “Tu madre no lo entenderá del todo (y te dará rabia) pero te querrá. Te toca a ti comprenderla a ella”. (Uno de los cientos de consejos de la campaña “Que le diría la gente LGTB+ a su yo adolescente”)

El tema por fin se mediatiza, se hacen campañas y documentales como “El sexo sentido” del que ya hablamos y las familias ven que sus hijas e hijos no son seres extraños.

El fenómeno sigue al alza y es global: la edición internacional de National Geographic de este año acaba de dedicar su número a la "revolución de género". En ella habla no solo de las diferentes identidades de género sino de todo el camino que aún queda por recorrer para desenmascarar el famoso efecto del llamado espejismo de la igualdad de género por el cual parece que la igualdad entre hombres y mujeres, entre niñas y niños, entre géneros diferentes, ya ha sido alcanzada.

Y es que, al fin y al cabo, de eso va todo esto. De la igualdad de género que todavía no tenemos.

El autobús del cole de Huelva que hablábamos al inicio tiene como frase que corona el mural antidiscriminatorio: "Somos diferentes pero iguales en derechos”. Ese es el deseo de todas estas contracampañas al autobús transfóbico y ese es el objetivo de las millones de personas que ayer, 8 de marzo, salieron a las calles de todo el mundo reivindicando igualdad.

Aunque se dice que todos los días deberían ser 8 de marzo, ayer fue un día especial. Hace años que no se recordaba en todo el mundo, pero en España en especial, tanta y tanta gente llenando las calles visibilizando la lucha contra las múltiples formas de discriminación y violencias de género. “Sorprende positivamente la cantidad enorme de jóvenes en la manifestación feminista”, refieren los titulares y artículos de prensa respecto al día de ayer.

Y es que cada vez más jóvenes se atreven a rompen con ese modelo único y normativo de cómo ser mujer, niña, hombre o niño. Cada vez más se hacen evidentes los corsets y límites de los mensajitos del “rosa y azul”. Porque hay muchas formas de ser mujer, niña, niño, hombre,…y lo que TÚ sientas siendo libre de los mandatos de género.

¿Y TÚ QUÉ… defiendes la igualdad de género?


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