¿Te mola el otoño? Mucha gente la llama la estación de la depresión ¡pero el otoño también tiene cosas chulas! No sólo el tema de colores en todos los árboles, también es momento de cosas nuevas y nuevas temporadas ¡¡de ropas y de series! , de nuevo tiene sentido el plan de “peli, sofá y manta”, ya no llegas con sudores a los sitios, puedes cerrar la ventana al dormir y pasas de ruidos y mosquitos, todo el grupete de colegas ha vuelto y puedes quedar…en fin, que tampoco es tan malo.

Además, es una estación que metafóricamente se utiliza para animar a algo que hace muy bien a todo el mundo: APRENDER A SOLTAR.

Decía Havelock Ellis “el arte de vivir implica saber cuándo aferrarse y cuándo dejar ir y soltar”.

Nos aferramos a personas, objetos, situaciones, incluso a pensamientos, emociones, creencias y conductas. Las personas, somos seres de costumbres, y con la vorágine del día a día, lo “fácil” es aferrarse. Por ejemplo ¿A estas alturas de octubre cuantas personas se siguen aferrando al “rollete o amor de verano” y eso les está haciendo polvo?

Afortunadamente, en la naturaleza, siempre encontramos respuestas: los árboles otoñales que nos enseñan a soltar. Como ahora en octubre que como las horas de sol se reducen y los suelos están mas fríos dificultando la captación de agua y nutrientes de las raíces, el árbol “decide” que el coste del follaje es “demasiado elevado” y lo importante es lo importante, estar bien para seguir creciendo, así que opta por la estrategia más beneficiosa: soltar follaje.

Bueno, pues a veces toca ser inteligentes como los árboles y aprender a soltar, a dejar ir…

¿A qué nos estamos aferrando que nos limita nuestra vida? ¿Qué nos dificulta crecer? ¿Perder fuerzas y energías? ¿Qué hay en nuestra vida que nos suponga más coste que beneficio?

Vale, nos hemos puesto en plan filosófico otoñal, pero piénsalo. Seguro que tienes respuestas.

Aceptar que aquello que nos limita, nos está dificultando crecer, nos hace perder energía y nos supone un coste….es ya un logro. Hay cosas que no depende de lo que hagamos, no podemos cambiarlas y nos toca solo aceptar. Así que hasta que no las dejemos ir, no dejemos ese “hueco” libre, a lo mejor no llega algo mejor…

Y claro que no es fácil soltar, que nos lo digan con los “amores del verano” que suelen ser sinónimos de intensidad, fugacidad y mucho subidón, una mezcla de lo más explosiva y con todos los ingredientes necesarios para dejar huella (#nodramas), pero que tienen su lado chungo, que suelen venir con fecha de caducidad. Y es que, aunque cada vez existen más relaciones a distancia, gracias a las redes sociales etc. es realmente difícil mantener un amor tan intenso cuando no estamos cerca en el día a día, así que en la mayoría de casos tenemos que aprender a soltar estos amoríos a eso de mediados de otoño. #SeAcercaElFin

Y claro, visto así, soltar, dejar ir, conlleva una pérdida y no es fácil…. Pero siempre hay inicios y finales, siempre hay colores diferentes ¡¡el otoño y el cambio son así!! Y en nuestras manos estará el tono y color de esas "despedidas" y cambios...

¿Sabes que las hojas no caen, se sueltan?

Lo dice José María Toro en su libro "La Sabiduría de Vivir”, así en plan poético: Las hojas no caen, se desprenden en un gesto profundo de sabiduría. La hoja no se aferra a la rama y se lanza al vacío del aire sabiendo que la vida que está siempre en movimiento y es una actitud de renovación. Acepta que el espacio vacío dejado por ella albergará el brote de una nueva hoja.

Y es que de eso se trata, cuando aprendo a soltar, aprendo a dejar ir, lo que tengo o lo que soy, es cuando dejo la posibilidad a que vengan cosas nuevas y espacio a lo que puedo ser. Es no quedarse en el pasado y apostar por un futuro.

¿Y TÚ QUÉ… sabes soltar?


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