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Audiovisual 1

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A pesar de que en nuestra vida cotidiana nos relacionamos todo el tiempo entre jóvenes y adultos, “los otros”, es decir, aquellos que forman la categoría a la cual nosotros no pertenecemos, pueden seguir siendo unos completos desconocidos. No es infrecuente que en nuestras interacciones nos dejemos guiar más por clichés, prejuicios o “leyendas urbanas” acerca de lo que son unos u otros. Y como todo esto son generalizaciones y simplificaciones, a menudo son incorrectas, pero siguen siendo usadas para guiar nuestro comportamiento.

¿Qué te parecen esas frases del tipo “Es que los jóvenes…”?

¿Qué tienen en común con las que empiezan por “Es que los adultos…”?

¿Cuánto crees que hay de verdad en este tipo de planteamientos?

¿Alguna vez has guiado tu conducta por una creencia de este tipo?

El anuncio arroja algunos de los mitos acerca de las madres...

¿Son verdaderamente tal y como se muestran en el anuncio? ¿Cuánto hay de verdad en la caricatura que se muestra?

Y lo más importante… si estos mitos realmente no corresponden con la realidad y no nos ayudan a relacionarnos mejor, ¿qué hacemos al respecto?

Qué podemos trabajar con este audiovisual

Qué podemos trabajar con este audiovisual

A continuación se presenta una actividad para realizar en grupo a partir del vídeo planteado:

Todos, seamos jóvenes o adultos, interpretamos la realidad. Eso significa que no hacemos una fotografía de ella, sino que captamos principalmente aquellos elementos que confirman nuestras teorías acerca de las cosas, o que benefician a nuestros grupos o a nosotros mismos. Durante la adolescencia, siendo que nuestra visión del mundo adulto está tan polarizada y a veces es incluso radical (para muchos adolescentes los adultos son “lo peor” y algo similar ocurre al revés), es fácil caer en estos estereotipos y conformarnos a ellos sin intentar investigar cuánta verdad o cuánta mentira encierran.

Así, en el anuncio puede verse a las madres casi, casi como sabuesos, animales de presa, capaces de detectar un engaño a distancias increíbles, siempre atentas a cualquier ofensa, error, traspiés… para atacar directamente a la yugular. Pudiera parecer cómico, ya que el anuncio así lo pretende, pero muchas de estas creencias caricaturizadas, en el fondo, reposan en las mentes de muchos chicos y chicas que ven a sus padres o profesores como unos aguafiestas sin corazón, amargados sin remedio y dispuestos a casi cualquier cosa con tal de amargarle la vida a los jóvenes de alrededor.

Las ideas de los adultos al respecto de los jóvenes y su conducta tampoco son mucho más realistas. Circulan ideas constantemente sobre la supuesta conducta incívica de los jóvenes (en general, lo cual siempre es una ofensa para tantos que no tienen ese tipo de comportamiento), la mala educación… y siempre nos irritan, porque en general son falsas. Por eso les llamamos mitos.

A partir del anuncio seleccionado, pretendemos trabajar sobre los mitos que circulan en relación a los adultos y a los jóvenes, y sobre todo, centrarnos en las maneras de relacionarse entre estos dos grupos de población.

Dividimos el grupo en dos grupos. El primero escribirá todas las frases que se le ocurran que empiecen por “Es que los jóvenes…” (representando las quejas y mitos que provienen de los adultos). El segundo hará lo mismo, solo que empezando con frases del tipo “Es que los adultos…”

Algunos ejemplos pueden ser:

  • Es que los jóvenes no respetan nada.
  • Es que los jóvenes sólo piensan en divertirse.
  • Es que los jóvenes siempre están intentando saltarse las normas.
  • Es que los jóvenes son unos inconscientes.
  • Es que los jóvenes no pueden tener sentido de la responsabilidad
  • Es que los adultos no comprenden a los jóvenes.
  • Es que los adultos parece que nunca han sido jóvenes.
  • Es que los adultos tienen como pasatiempo amargarle la vida a los jóvenes porque se aburren.
  • Es que a las madres no se les puede engañar.
  • Es que si los adultos realmente nos quisieran deberían dejar que cometamos nuestros propios errores.
  • Es que para llevarse bien con los adultos hay que estar de acuerdo en todo con ellos.

Cuando hayan terminado de escribirlas después de tener un tiempo de trabajo en grupo, se intercambiarán los roles y tendrán que defender lo contrario de lo que han escrito a través de uno o varios portavoces. Por ejemplo, el equipo 1, que escribió mitos sobre los jóvenes –como si fueran adultos- tendrá que ponerse en la “piel” de los jóvenes y procurar explicar sus propias razones para ese comportamiento (cada portavoz puede ser ayudado por su grupo o incluso el profesor si es necesario). Por ejemplo “No es que los jóvenes no respeten nada, pero a veces nos resulta muy difícil respetar normas que no entendemos o con las que no estamos de acuerdo”.

Puede ocurrir que verdaderamente esa frase ponga de manifiesto un mito (en cuyo caso surgirán los argumentos para desmontarla y todos la terminarán considerando falsa) o puede suceder que aún a pesar de los argumentos, no sea tan distante de la realidad como se pensó al principio. Es decir, no todas las frases que se planteen serán mitos, sino simplemente puntos de vista diferentes acerca de una misma realidad compartida entre jóvenes y adultos. Lo que se pretende es poner algunas de nuestras posturas habituales sobre la mesa y ser capaces de argumentar a favor o en contra, cuestionándolas, contrastándolas con la realidad y modificándolas si fuera necesario, porque no podemos ni debemos guiar nuestro comportamiento en base a “leyendas de andar por casa”. Esto, finalmente, ha de llevarnos a acercar posiciones a través de la negociación y la concesión por ambas partes (es aconsejable e interesante realizar la actividad “TODO POR GANAR” perteneciente al mismo bloque “JÓVENES Y ADULTOS”).