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Los años de adolescencia y juventud son a menudo difíciles debido al tipo de relación que se establece con los adultos (padres, profesores, personas mayores en general). A veces se generan espacios de conflicto en los que cada una de las partes parece defender lo que considera su propio territorio, sin terminar de entender muy bien las situaciones que atraviesa la otra parte.

¿Cuáles piensas que son los problemas más habituales que se dan, por ejemplo, con los padres? ¿Y con los profesores? ¿Y con otros adultos?

¿A qué crees que se debe que nuestras relaciones a veces se compliquen tanto?

¿Qué opinas de que las relaciones entre jóvenes y adultos estén regidas por un principio de desigualdad en cuanto a autoridad?

El hecho de que la autoridad de unos y otros sea distinta, ¿implica necesariamente que hemos de llevarnos mal?

Qué podemos trabajar con este audiovisual Material complementario

Qué podemos trabajar con este audiovisual

A continuación se presenta una actividad para realizar en grupo a partir del vídeo planteado.

En la actividad que proponemos en esta ocasión, van a extraerse conclusiones a partir de dos secuencias bien distintas. En ambas se ve un conflicto entre jóvenes y adultos con consecuencias punitivas para el adolescente protagonista, aunque ambos enfrentamientos se llevan de manera bien distinta.

Es importante destacar que, lejos de centrar el foco de la actividad en considerar si las formas que usan estos adultos son las más apropiadas o no (algunas de las maneras son seguramente cuestionables, pero este no es el espacio para ello), la idea es hacernos preguntas acerca de lo que implica una relación desigual y de autoridad entre adultos y jóvenes, junto con las implicaciones que esto tiene para ambos.

En todas las interacciones entre seres humanos se impone la necesidad de un orden. El tipo de participantes en una relación marca, de alguna forma, las “normas” o “reglas del juego” a seguir, aunque esto no es siempre igualmente bien entendido por cada una de ellos, más aún cuando la relación, como ocurre entre padres e hijos o con profesores, es desigual. Ciertamente, ninguna de ambas facciones es perfecta. Todos nos equivocamos. No es extraño que cada cual mire por su propio beneficio y eso redunde en problemas de fondo y de forma.

En ocasiones, se producen abusos de parte de los adultos sobre los jóvenes por una mala comprensión de la autoridad (que debe ser algo más que un “título heredado”, es decir, ha de ganarse día a día) o por falta de coherencia (“Haz lo que digo, y no lo que hago”). En otras ocasiones, son los propios chicos y chicas los que, no entendiendo el principio de desigualdad en las relaciones con la autoridad de los adultos o pareciéndoles esta desigualdad injusta, intentan relacionarse con ellos siguiendo las normas de lo que sería un trato entre igual e igual, rebelándose de forma injusta o arbitraria, no siempre por cuestiones de peso, sino como una forma combativa y negativista de enfrentarse, simplemente, a cualquier clase de autoridad. Evidentemente, ninguno de ambos extremos es positivo.

Así las cosas, pareciera que el conflicto es más que probable en el trato con adultos, sea en nuestros hogares o fuera de ellos, y esto puede distraernos de una verdad fundamental en todo tipo de relación, y es que, cuando predomina el respeto, independientemente de la edad o del tipo de relación entre las partes, el conflicto es mucho más difícil y la convivencia pacífica y cooperativa mucho más sencilla y eficaz para que todos consigamos nuestros objetivos.

Proponemos visualizar la primera secuencia, pero no sin antes preguntarles a los asistentes cómo creen que reaccionarían unos padres (o sus padres, si quieren) ante el descubrimiento de que hay porros en casa. Seguramente en las respuestas aparecerán algunas de las “piedras de toque” en relación con estos temas: la cuestión de si somos todos iguales o no en casa, qué derechos y deberes tenemos cada uno, qué prima más, si el derecho de los hijos a la intimidad o el derecho de los padres a que en su casa puedan poner sus propias normas…

Tras el pequeño debate inicial, en que pueden tenerse en mente algunas de las ideas sugeridas hasta aquí, se visiona la secuencia. Aquí los padres, figura de autoridad por excelencia, tienen que llamar la atención a uno de sus hijos por haber encontrado drogas en casa. Llueve sobre mojado al ser una situación que parece haberse repetido ya bastantes veces en el pasado. Pero en este caso concreto, al margen de lo que ocurriera en el pasado, se culpa a un inocente como se verá al final. Su fama le ha precedido y ha terminado cargando con las consecuencias de algo que no ha hecho. Los padres han hecho uso de su autoridad pidiéndole explicaciones de algo que ha sucedido ya repetidamente en su casa y le piden que, como consecuencia, se marche.

A partir de la secuencia se lanzan las siguientes preguntas para despertar un debate:

  • Sin entrar necesariamente en las formas concretas, ¿qué se esperaría que deben hacer los padres en general en este tipo de situaciones, intervenir o dejarlo correr?
  • ¿Por qué pensáis que es tan difícil a veces la relación entre jóvenes y adultos?
  • ¿Qué os parece que estos padres hayan usado su autoridad para poner orden en esta situación?
  • ¿Qué os parece la actitud del chico respecto a la autoridad que le plantea un cambio en esa conversación?
  • ¿Qué os parece la autoridad que el protagonista, como hermano mayor, también ejerce sobre su hermano pequeño?

En general llama la atención la manera en que los padres manejan la situación, desde la calma (aunque muy dolidos y preocupados por lo sucedido), y seguramente esta forma contraste con lo que ellos anticiparon que, quizá, serían algunas de las reacciones de sus propios padres si se diera una situación similar. El chico, por su parte, con todo y que la acusación es injusta, parece entender que la relación de autoridad con sus padres impone acatar lo propuesto en la conversación y se marcha asumiendo que debe dejar su casa.

Podemos iniciar un pequeño debate en torno a si consideran que los padres tenían derecho o no a poner orden en su casa y qué opinan de la forma en la que han hecho uso de su autoridad (no han perdido los papeles, hablan claro, manifiestan su postura, pero no hay histerismo, ni desesperación, aunque sí mucho dolor y decepción por lo repetido de la situación).

Al pasar a la segunda secuencia, que gira alrededor de una situación conflictiva entre profesora y alumnas, nos centraremos más bien en qué ocurre cuando el principio de autoridad es violentado, es decir, cuando al margen de lo bien o lo mal que la autoridad pueda estar haciéndolo (ciertamente, siempre hay cosas que se pueden mejorar), la persona que ha de someterse pretende imponer su voluntad y cambiar las normas hacia una relación de igual a igual. Visionamos la secuencia en este momento de la actividad y lanzamos las siguientes preguntas:

  • ¿Pensáis que la profesora debía intervenir en este conflicto?
  • ¿Qué idea acerca de la autoridad pensáis que tiene la adolescente protagonista en la secuencia? ¿En qué lo notáis?(Para ella no existe principio de autoridad más allá de lo que es su propio beneficio. Se percibe en el tono, la forma de dirigirse…)
  • ¿Qué pensáis que debería haber hecho esta chica ante la situación que se ha planteado?
  • ¿Qué es lo que creéis que le ha impedido hacerlo?
  • ¿Qué idea tienen acerca de la autoridad el resto de chicas de la clase? ¿En qué lo percibís?
  • ¿Qué consecuencias tendrá para cada una de ellas el concepto que tienen de autoridad?
  • ¿Pensáis que hace bien la profesora manteniendo su criterio hasta el final, o debería haber cedido a las presiones de su alumna? ¿Qué hubiera sucedido si lo hubiera hecho?
  • ¿Qué opináis de la falta de acatamiento de las normas en un contexto como éste, la escuela?

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Por último, es interesante que se pueda plantear alguna cuestión más, quizá como actividad de apoyo por contraste. La misma profesora de la segunda secuencia aparece acompañando a una alumna que lo está pasando mal (es la chica que recibió la agresión por parte de sus compañeras). Los términos de la interacción son completamente diferentes, aunque sigue habiendo una relación de autoridad en términos de ascendencia, sabiduría, consejo… Es evidente que no se tratan de igual a igual, pero no existe conflicto entre las partes en este caso. Es decir, el conflicto agresivo (no todos lo son) entre partes que tienen diferentes posiciones de autoridad, no es algo que suceda en todos los casos. Dicho de otra forma, el conflicto no es necesariamente parte obligada de una relación desigual siempre que ambas partes respeten los derechos de la otra y asuman sus responsabilidades. Cuando este equilibrio se rompe, aparecen relaciones abusivas que pretenden eliminar el elemento de orden y, por tanto, también a menudo el de autoridad.

La actividad podría finalizar profundizando en algunos temas como los que se indican a continuación:

  • ¿Cómo creen los chicos que los adultos pueden hacer para ganarse su autoridad y cómo pueden hacer un buen uso de ella? (Tormenta de ideas…)
  • ¿Cuáles son los abusos más frecuentes por ambas partes y cómo podrían resolverse?
  • ¿Cómo influye sobre ellos cuando un adulto actúa…
    • Dando ejemplo?
    • Estimulando en vez de obligando?
    • Disciplinando de manera justa?
    • Escuchando la postura del otro?
    • Ayudando al otro?
    • Aprendiendo juntos y buscando soluciones a los problemas?
    • Siendo sabio y considerando todos los parámetros antes de actuar?
    • Con respeto en las formas que se usan?