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No parece fácil negar que buena parte de la población, y en buena parte de la población juvenil también, considera que el alcohol es un facilitador de la diversión. Es un elemento que está presente en buena parte de las fiestas y de los encuentros de ocio, y alrededor de su uso se han creado también juegos que “animen la fiesta”.

¿Qué opináis de esa función facilitadora que se le asigna al alcohol o a otros consumos de sustancias?

¿Estáis de acuerdo en que resulta más fácil divertirse cuando hay alcohol de por medio?

¿Conocéis o habéis vivido situaciones en las que el alcohol u otras drogas, más que servir para facilitar la diversión, han servido para dificultarla?

¿En qué condiciones pensáis que realmente esa función facilitadora puede tener lugar?

Hoy pondremos bajo examen, a través de la secuencia y actividad que proponemos a continuación, cuánto de cierto o de falso hay detrás de esa idea acerca del consumo y la diversión.

¿Qué podemos trabajar sobre este tema?

¿Qué podemos trabajar sobre este tema?

Proponemos empezar la actividad con un juego al que llamaremos “La muerte no es una opción”. En él, cada participante ha de pensar en dos opciones entre las cuales, por turnos, se hará escoger a un compañero o compañera que se le asignará a cada cual. La selección se hará en gran grupo, para que todos y todas puedan escuchar las opciones y también las respuestas. Por ejemplo, “¿Qué preferirías, comer sopa con bichos o perder el bañador cuando estás saliendo de bañarte en la playa?”

El juego se llama “La muerte no es una opción” porque, por malas que sean las dos opciones, estamos obligados a escoger entre una de las dos alternativas que se nos dan, sin escapatoria o posibilidad de no elegir ninguna.

Éste es uno de los típicos juegos que se suelen usar en campamentos o encuentros para romper el hielo entre personas y pasar un buen rato. Seguramente pueden pensar en otros muchos a los que quizá hayan jugado y es el momento de recordar algunos de ellos (“Atrevimiento o verdad”, por ejemplo, entre otros).

La cuestión es que, tal y como veremos en la secuencia que se presentará a continuación, algunos de esos juegos tiene como protagonistas o “alicientes” el consumo de alcohol u otras sustancias. De hecho, los famosos “chupitos” se han convertido en elementos más que presentes en estos intentos de diversión, como veremos en la secuencia a continuación.

En este momento, se introduce la secuencia de vídeo, en la que se les ve jugando a uno de estos juegos. El juego consiste en adivinar si lo que la otra persona ha bebido es agua o vodka. Y así hasta que se terminen los chupitos. Puede detenerse el vídeo justo hasta el momento en el que el protagonista se marcha y dice “Chao”.

  • Hasta este momento, ¿cuál era la intención del juego?
  • ¿En qué consistía la diversión?
  • ¿Piensas que se han divertido tanto realmente como parece?¿O hay un tanto de pose para conseguir otras cosas?

Tras comentar las impresiones generales, se continúa con el visionado de la secuencia para descubrir que ni en uno ni en la otra queda demasiado de esa aparente diversión que estaban teniendo. La intención del juego no era otra que facilitar lo que realmente estaban buscando: que hubiera besos o algo más, después de varias citas. Así las cosas, proponemos varias preguntas para la reflexión:

  • ¿Hasta qué punto el juego realmente ha sido tan divertido, en función de lo que han visto?
  • ¿Pensáis que mediante el juego han querido transmitir –sobre todo ella- algo acerca de sí misma, de su carácter o personalidad?
  • Si comparamos su comportamiento con el del principio del vídeo, en el que ella ya se muestra como una chica simpática y abierta, ¿era necesario realmente meter al alcohol de por medio para proyectar lo que ya se veía de ella?
  • ¿Le ha servido para proyectar una mejor imagen de sí misma al chico? ¿Qué tipo de imagen es la que vemos de ella al final del vídeo?
  • ¿Ha conseguido el principal objetivo por el que empezaron a beber?

Con la frase “¿Cinco citas, una botella de vodka y ni un beso?” queda constatada la frustración que la protagonista tiene por no haber hecho lo que desde el principio pudo y debió hacer si era lo que quería: besar al chico. La frustración de él es también más que evidente: “Soy más tonto que mi culo”, dejando bien claro que tampoco ha hecho lo que quería hacer, y desde luego el alcohol no ha cambiado eso.

La realidad es que nunca necesitaron meter al alcohol en la ecuación, ni para divertirse, ni para mostrarse más simpática ella o más interesado él –en realidad se les percibe más tontos, más torpes…- ni, por supuesto, para besarse.

Recomendamos terminar la actividad reflexionando y aportando desde el gran grupo situaciones en las que se dan cuenta de que se usa el alcohol u otros consumos con fines que nada tienen que ver con la sustancia en sí misma, como su sabor o que les guste, sino para conseguir otras cosas.

Es especialmente importante en este punto del desarrollo insistir en una visión crítica de esa función “facilitadora” de a diversión y cómo más bien se usa como muleta en ocasiones en las que realmente no se necesita porque la persona tiene en su repertorio las habilidades necesarias para lo que quiere transmitir y conseguir.