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Aunque la pertenencia al grupo es importante para las personas y, en especial para los adolescentes, no siempre es fácil. No es sencillo integrar y tampoco sentirse integrado. Las personas que nos rodean, en ocasiones, se muestran comprensivas. En otras, como en alguna de las escenas que veremos, no. Pero en todas ellas, debemos estar preparados para dar una respuesta.

¿Te ha sucedido alguna vez que tu sensación de valía haya dependido de cómo te ven los demás, de lo que opinen de ti?

¿De cero a diez, cuánta importancia crees que le das a lo que otros piensen acerca de lo que haces, dices o piensas?

¿Estarías dispuesto a exponerte a una situación de evaluación del grupo y aceptar lo que otros decidieran opinar de ti?

Y si no te convenciera su opinión, ¿te “plantarías” frente al grupo y defenderías tu postura?

Jonathan y Charlotte se presentan a un concurso de talentos. El jurado está compuesto por cuatro personas, algunas de ellas muy exigentes, que deben decidir si esta pareja de adolescentes pasará a la siguiente fase del concurso o no. Es una situación “de alto riesgo” para casi cualquiera ya que, no sólo no saben qué opinión tendrán los demás de ellos, sino que además, esa opinión será determinante en la continuidad de su sueño.

En el vídeo del experimento podemos ver la importancia de la aprobación social y hasta qué punto podemos cambiar nuestro comportamiento cuando nos encontramos en determinadas situaciones.

Qué podemos trabajar con este audiovisual Material complementario

Qué podemos trabajar con este audiovisual

A continuación se presenta una actividad para realizar en grupo a partir de los vídeos planteados:

Antes de ver el primer vídeo, podemos empezar la dinámica pidiéndoles a los participantes que piensen en qué tipo de actuación llevarían a un programa de talentos. A continuación, indagaremos en los obstáculos que, aun teniendo un “buen número”, podríamos encontrarnos (sentido del ridículo, la vergüenza ajena, el miedo al descrédito o a la crítica en público, entre otros).

En este sentido, hemos de reconocer que las personas emitimos juicios unas sobre otras, nos consideramos más o menos válidos utilizando con demasiada frecuencia criterios superficiales, nada contrastados, y todos podemos probablemente recordar situaciones en nuestro pasado en que hemos sufrido esto sobre nosotros mismos o, incluso, hemos sido nosotros los que hemos producido rechazo sobre otros. Al fin y al cabo, no somos tan distintos del jurado o del público que aparece en el primer vídeo.

Algunos como Charlotte y Jonathan, sin embargo, son lo suficientemente valientes como para estar por encima de cualquier opinión e, incluso, defender su postura.

Ponemos en este momento la secuencia y pedimos que centren la atención en el juicio inicial del jurado, del público, y en la lección que unos y otros reciben al presenciar la actuación increíble de la pareja de adolescentes.

Es importante destacar en las conclusiones que para ellos, en particular para Jonathan que se muestra muy dependiente y temeroso, no resulta nada fácil exponerse a la dura opinión de los demás. Sin embargo, lo hacen. Y en un momento difícil del veredicto del jurado, en que le proponen directamente que “pase de la chica”, es incluso capaz de enfrentarse al juez diciendo “Hemos llegado aquí como un dúo y seguiremos como un dúo”. ¿Serían los participantes capaces de algo parecido? ¿Cómo creen que se siente la chica ante el veredicto del juez? ¿Cómo se sentirá tras ver que su compañero la defiende por encima de su propio sueño?

Para completar la actividad, se introduce el segundo vídeo en el que se presenta un experimento social de presión de grupo en un ascensor. Tras el visionado, les pedimos que intenten determinar cómo creen que hubieran actuado ellos en esa situación, valorar incluso numéricamente cuántos de ellos creen que hubieran permanecido en su posición inicial independientemente del resto de ocupantes y cómo la necesidad de aprobación social es algo que nos afecta a todos: todos somos influidos y todos procuramos, de una u otra forma, influir también en los demás en cosas a veces sin importancia (la moda, lo que se debe o no hacer, lo que se puede o no decir, las “buenas pelis y las malas pelis”, los planes que consideramos “guay” o no…). Es decir, todos podemos ser, llegado el momento y en situaciones de cierta envergadura, víctimas y verdugos.

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A través de esta canción se puede profundizar un poco más en los contenidos trabajados en la actividad.

Pablo Alborán plantea una serie de sentimientos de amor hacia alguien. Por una parte no se atreve prácticamente a expresarlos a la persona interesada (y dice “Si yo pudiera ser valiente, sabría declararte mi amor”). Por otro lado, confiesa “Me llaman loco por no ver lo poco que dicen que me das, me llaman loco por rogarle a la luna detrás del cristal, me llaman loco si me equivoco y te nombro sin querer, me llaman loco por dejar tu recuerdo quemarme en la piel”.

Así, tanto de una como de otra forma, sus sentimientos y la expresión de los mismos pueden ser condicionados por la necesidad de aprobación social. ¡Cuántas veces nos encontramos nosotros también en situaciones parecidas sabiendo que, de no ser por la actitud o la opinión de la gente de alrededor, probablemente haríamos las cosas de manera distinta! ¿Estaremos, en ese caso y como él mismo lo expresa, dispuestos a “dar a otros de que hablar” o nos someteremos a la opinión de la mayoría?